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Revista de economía y finanzas

La pelota también se mancha

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El caso de Sociedad Deportivo Quito debería encender las alarmas en toda la sociedad ecuatoriana. El día de ayer, tras su derrota con Liga de Loja, se confirmó su descenso a la serie B del fútbol ecuatoriano. Es la ley del fútbol (y de la vida) piensan muchos. A veces se gana, muchas otras se pierde. Pero este no es otro caso de un grande del fútbol ecuatoriano que desciende. Recientemente lo hizo el equipo más exitoso de la historia del Ecuador (LDU) y Barcelona Sporting Club es el único equipo ecuatoriano que  ha logrado esquivar el desastre que significa descender. Esta vez el Deportivo Quito enfrenta un riesgo mucho mayor.

“Es solo fútbol. Una simple forma de entretenimiento. ¡Lo más importante de lo menos importante!” piensa mucha gente. Resulta que para muchos de los involucrados es lo único importante. No hablamos de los hinchas que lloran el descenso, hablamos de los jugadores, empleados administrativos, dirigentes y demás trabajadores del equipo. Muchos de ellos no han recibido sus sueldos por más de tres meses, otros están esperando su pago desde hace años. Este problema no es sólo del fútbol. Es un reflejo  de los problemas diarios que sufre la sociedad ecuatoriana. No estamos preparados para afrontar una crisis económica. No nos gusta ver más allá de nuestras narices y pensamos que mágicamente todo se va a resolver. Pero la magia en la economía, ya sea familiar, empresarial o política, no existe.

La debacle financiera e institucional del equipo nació, irónicamente, en el 2008. Aquel año el  Quito volvía a ser campeón después de cuatro décadas. Los dirigentes se embriagaron de victoria y olvidaron su labor. En ese año se ofrecían premios de hasta $100,000 por partido ganado al plantel. Con el trofeo en sus manos parecía que el fin justificaba los medios. Más aún cuando los dirigentes gozaban de una estrecha relación con el presidente de la F.E.F, Ing. Luis Chiriboga (confeso hincha azulgrana) y todo su poder. En este marco los dirigentes aceptaron dar por terminado sus contratos de televisión con plena conciencia que esa decisión traería consecuencias legales. La promesa pública del Ing. Chiriboga fue que la F.E.F se encargaría de arreglar cualquier problema legal que resulte del rompimiento de los contratos. La promesa, al final, se la llevó el viento.

Otro dato revelador para entender el alcance de esta situación lo encontramos en el promedio de salarios en el fútbol ecuatoriano. Actualmente  dicho promedio se encuentra en los USD 10,000 mensuales. El capitán y símbolo del equipo, Luis Fernando Saritama, llegó a ganar hasta USD 45,000 en la época de “gloria” del club, cuando conquistaron tres títulos entre el 2008 y 2011. Este irresponsable manejo de recursos infló los sueldos de todos los jugadores a niveles inmanejables. Según el informe de Santiago Ribadeneira, ex presidente del club, entre el 2008 y el 2014 se gastaron USD 45,3 millones mientras que los ingresos fueron por   USD 25,7 millones resultando en un déficit de USD 19,5 millones. El espejismo de gloria que trajo consigo los campeonatos han condenado al equipo chulla a descender después de 36 años. Y apenas podemos divisar la punta del iceberg. Son tan inmensas las deudas, es tan grave la situación, que ahora el club se enfrenta a un demanda para que se inicie un juicio de quiebra. En otras palabras el Deportivo Quito enfrenta su inminente desaparición.

El fútbol ecuatoriano y mundial está enfermo. Este año no será recordado por los goles. Será recordado como el año en que la FIFA y su gigante red de corrupción (denominada Fifa Gate) fue desenmascarada. Los rezagos se los siente por todo el continente. Solo queda esperar que este sea un (mal) ejemplo para todo el país y que no se lo repita nunca más. Solo queda esperar que los responsables de esta debacle sean llevados a la justicia y respondan ante la ley. Es evidente que atravesamos tiempos difíciles y esta vez le tocó pagar al deporte más leal y hermoso del mundo. La pelota también se mancha.